Maristak_League solidarioa

El grupo de voluntariado de Maristak Durango es mucho más que colaborar, es aprender a transformar el mundo

Cada comienzo de curso, en Maristak Durango, se lanza una invitación especial al alumnado: formar parte del Grupo de Voluntariado. Pero no se trata únicamente de apuntarse a unas actividades solidarias. Se trata de convertirse en protagonista de una experiencia que permite crecer como persona al mismo tiempo que se contribuye a mejorar la vida de otras personas.

Lo más bonito es que la invitación no llega únicamente desde el profesorado o el equipo de pastoral. Son los propios alumnos y alumnas que ya forman parte del grupo quienes recorren las aulas para compartir su experiencia. Explican qué los llevó a dar el paso, qué han aprendido y cómo pequeñas acciones pueden generar grandes cambios.

Y es que detrás de cada actividad hay mucho trabajo, ilusión y compromiso. A lo largo del curso, el alumnado voluntario organiza iniciativas tan diversas como las campañas de donación de sangre, la Operación Kilo y la recogida de alimentos, acciones de comercio justo, recogidas de juguetes o de productos de higiene femenina, la tradicional tortilla solidaria o el campeonato solidario de fútbol, en el que los equipos participantes realizan una aportación para una causa social. Todas estas actividades son diseñadas, preparadas y llevadas a cabo por el propio grupo de voluntariado, siempre acompañado por el equipo de pastoral.

Sin embargo, el verdadero valor del voluntariado no siempre se mide en kilos de alimentos recogidos o en la cantidad de personas beneficiadas. Muchas veces está en lo que ocurre dentro de quienes participan.

Así lo explica uno de los alumnos voluntarios, que compagina su formación con experiencias en Cruz Roja y en el centro. Para Rayan, ayudar significa dedicar tiempo, escuchar, acompañar y estar presente. Reconoce que el voluntariado le ha permitido conocer otras realidades, desarrollar la empatía, aprender a trabajar en equipo y descubrir que cualquier persona puede aportar algo a la comunidad. No hace falta esperar a ser mayor, tener recursos extraordinarios o disponer de habilidades especiales; basta con querer implicarse y dedicar parte de nuestro tiempo a los demás.

Ane Miren antigua alumna participante del voluntariado de Maristak Durango, destaca que durante cuatro años encontró en el grupo una forma de aportar su granito de arena, conocer personas con inquietudes similares y salir de su zona de confort. Explica que la satisfacción de ver cómo pequeñas acciones genera grandes resultados es una de las mayores recompensas de esta experiencia.

Quizá esa sea la mayor enseñanza del voluntariado: descubrir que formar parte de una comunidad implica también contribuir a construirla. Porque cuando ayudamos a los demás, no solo transformamos su realidad. También transformamos la nuestra.

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